A 20 años del genocidio: pensar Srebrenica a través del fútbol

Por Agustín Colombo

Asmir Selimovic se había acostumbrado a escuchar los estallidos y las balas, pero nunca pensó que la guerra podía tocarle tan de cerca: era 1995, y los serbios habían entrado en su ciudad, Srebrenica, hasta ese momento supuestamente protegida por cascos azules de las Naciones Unidas.

Comandado por Ratko Mladic, el ejército serbiobosnio había irrumpido en esa zona, donde predominaba la población de origen bosnio musulmán, para ejecutar el último tramo de su limpieza étnica. El resultado fue –se supo después– la matanza más numerosa en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: 8.373 personas –la mayoría hombres musulmanes– asesinadas de distintas maneras y en diferentes escenarios.

La segregación étnica en ese sector de los Balcanes había comenzado con la Guerra de Bosnia, en 1992. Las fotografías del campamento de Omarska, donde llevaban y torturaban a los hombres de origen musulmán, evidencian el horror: se parecen mucho a las de los campos de concentración nazis, pero con la diferencia de que son a color y sacadas hace tan sólo 20 años.

 

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Selimovic, que era un niño, se salvó porque su madre lo disfrazó de mujer y eludió los controles serbios en la ciudad. Su historia es una de las que aparecen en el libro The War is Dead, Long Live the War, del periodista y escritor británico Ed Vulliamy, sobre la guerra que sufrió Bosnia entre 1992 y 1995 y que convirtió a Sarajevo, la capital de ese incipiente país, en la capital mundial del horror.

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“La única forma de desconectar era jugar al fútbol con una pelota hecha con cinta adhesiva”, le dijo Selimovic a Vulliamy cuando recordó cómo se vivía en Srebrenica hace 20 años. Él, como casi todos los habitantes de esa ciudad, participó este mes de los actos para recordar a las miles de víctimas civiles y para reflexionar sobre lo sucedido. “No olvidar” fueron las dos palabras que sintetizaron esos actos.

 

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Aunque está lejos de ser el club de mayor nivel futbolístico de Srebrenica –el Gradina OFK juega en la segunda división bosnia y estuvo en la Premier hace dos temporadas– el FK Guber se ha consolidado como el mejor ejemplo de la difícil convivencia entre musulmanes y serbios en esa región. Es el primer equipo multiétnico de Bosnia: allí juegan, además de los dos grupos mayoritarios del país, croatas y gitanos.

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La integración, como cualquier integración entre seres humanos, llevó mucho tiempo. El club no sólo trabaja con los jóvenes futbolistas de la zona oriental de Bosnia; también con sus familiares, que en un principio se mostraban reticentes a dejar que sus hijos compartieran el mismo color de camiseta que sus vecinos de otros orígenes.

Con una economía crítica, que nunca pudo recuperarse de la guerra, el gobierno bosnio no otorga ningún apoyo al Guber, que se sostiene gracias al aporte de las federaciones de fútbol de Dinamarca y de Noruega, del club holandés ADO Den Haag, y por la contribución de Munir Pašagić, un filántropo que nació en Srebrenica y huyó en los noventa a Eslovaquia, donde amasó una fortuna en el mundillo empresarial y político.

Recientemente, Pašagić enlazó al Guber con el ŠK Senec, de la segunda división eslovaca, con el que firmó un convenio de cooperación en divisiones inferiores. A tal punto ha llegado la ayuda de Pašagić, que este año, en una asamblea, la comisión directiva del Guber propuso bautizar al estadio con su nombre, a modo de homenaje.

 

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Del vergel de fútbol y tolerancia en que se convirtió ese pequeño club ya empiezan a salir las primeras flores. Un caso es el de Jovan Lazarevic, al que el periodista español Joaquín Ruíz de la Torre definió, en su portal Fútbol que estás en la tierra, como el “Messi bosnio”.

Los compañeros de Jovan lo empezaron a llamar como el crack rosarino por sus gambetas, su velocidad y su cuerpo minúsculo. De origen serbio, con padres ortodoxos, la historia de Jovan es un mosaico de lo que generó el Guber: un espacio –quizás el único– donde es posible aceptar al otro.

Si la selección de Bosnia que jugó el Mundial de Brasil fue la consagración de los “niños de la guerra”, estos nuevos jóvenes representan el triunfo de la igualdad: crecieron todos juntos, sin distinción de religiones o etnias, y comparten cualquier ámbito con naturalidad. “Se llevan de maravilla. Estamos recogiendo el fruto de años de duro trabajo, sobre todo con los padres. Con ellos hubo que hacer una labor de concienciación muy importante para que permitieran a sus hijos relacionarse con los de las otras etnias”, le contó a Ruíz de la Torre Namik Mustafic, uno de los integrantes del cuerpo técnico del FK Guber. Y aseguró: “El deporte ayuda como ninguna otra actividad a que los chicos se conozcan mejor y crezcan juntos en una atmósfera sana, en la que no hay lugar para el odio y las rencillas del pasado entre sus familiares”.

En esa frase se resume todo lo que significa Srebrenica: su tragedia, pero también el intento para lograr su reconstrucción.

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3 Comments

  1. los serbios, los mas fascistas de europa

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    • je n’ai jamais dit que j’étais sur que Jo perdrait contre Hewitt, j’ai dit que c’est ce qui pouvait très bien lui ari#&ervr8230;et ce qui peut d’ailleurs encore lui arriver..

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  2. You really saved my skin with this inontmariof. Thanks!

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