Di Stéfano y del Río: historia de un secuestrado y un secuestrador

El operativo original no estaba destinado a un genio del fútbol, sino de la música clásica: en agosto de 1963, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), el brazo armado del Partido Comunista de Venezuela, iban a secuestrar al compositor y director ruso Igor Stravinsky, pero temieron que por sus notorios problemas de salud, la misión se complicara.

Entonces, aprovechando que el Real Madrid, múltiple campeón europeo, estaba en Caracas para jugar contra el San Pablo y el Porto la “Pequeña Copa del Mundo” (predecesora de la Copa Intercontinental y el actual Mundial de Clubes), las FALN eligieron a la que era la máxima estrella del fútbol internacional: la Saeta Rubia, el gran Alfredo Di Stefano.

El líder del “Operativo Julián Grimau”, nombre que homenajeaba al comunista español fusilado por el franquismo un año antes, fue Paúl del Río, quien por estas horas volvió a ser protagonista en los medios de todo el mundo: a los 72 años murió en un accidente en la capital venezolana.

Bajo el nombre de Máximo Canales, del Río se hizo pasar por policía judicial para sacar al jugador, a las 6.30 de la mañana, de la habitación 216 del hotel Potomac, donde se hospedaba el equipo. El pretexto era una causa por tráfico de drogas, pero Di Stefano no tardó en darse cuenta de que se trataba de otra cosa: del Río y los otros dos “policías” lo metieron en un coche americano y le vendaron los ojos. “¡Che, que no soy político, soy futbolista!”, dijo el jugador cuando tocó una ametralladora con sus pies, ya arriba del auto.

La estrella del Real Madrid, que en ese tiempo tenía 37 años, fue llevado a un departamento en el este de Caracas, donde permaneció casi tres días secuestrado. “No le va a pasar nada”, le prometieron. Y así fue: Di Stefano y sus secuestradores jugaron al domino y al ajedrez, charlaron, vieron televisión y hasta hicieron apuestas en carreras de caballos.

En 2010, cuando del Río ya era un conocido artista plástico y escultor, recordó el motivo por el cual habían diagramado el operativo: “Di Stéfano era en ese momento la figura más grande del mundo y para nosotros era una operación propagandística, para que la opinión pública mundial conociese nuestra lucha y los problemas del pueblo venezolano, que vivía en una aparente democracia pero con un gobierno corrupto que nos estaba asesinando”, remarcó, en alusión al gobierno del presidente venezolano Rómulo Betancourt, rechazado tanto por grupos revolucionarios como por la extrema derecha del país, que en 1960 había intentado asesinarlo.

Finalmente, del Río y los demás hombres de las FALN liberaron a Di Stéfano en los alrededores de la embajada española en Caracas. Le habían puesto un sombrero y una venda en los ojos. Unas horas más tarde, la estrella del Real Madrid debió jugar –por orden del presidente madridista Santiago Bernabeú– el partido contra el San Pablo, pero fue sólo una sombra.

Con los años, Di Stéfano reconoció que los había perdonado. Incluso mostraba un cuadro de del Río, que se lo había hecho llegar décadas más tarde, como resarcimiento de aquel secuestro. El destino quiso que secuestrador y secuestrado murieran con menos de un año de diferencia: Di Stefano falleció el 7 de julio del 2014, y del Río el 5 de abril del 2015.

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