La sociedad brasileña, analizada a través de su fútbol

El periódico Brasil de Fato –una cabal demostración de que el periodismo puede sustentarse a través de movimientos sociales y despegarse del capital empresario– publicó hace algún tiempo una exquisita entrevista al historiador Felipe Dias Carrilho, autor de Fútbol, una ventana para Brasil, un libro que pretende explicar, desde la pelota, los diferentes acontecimientos sociales y políticos del fascinante país que organiza el Mundial que comienza en estos días.

Aquí, la traducción del reportaje realizado por el periodista Renato Godoy de Toledo.

–En su libro, usted afirma que el fútbol ha sido descuidado por la comunidad académica brasileña durante muchos años.  ¿Cómo explica este desprecio?

–Por un lado se debe a las limitaciones propias y el enfoque metodológico de las ciencias humanas en general. Durante mucho tiempo, la historia fue concebida como una narración de los hechos principales de la política de una nación.  Lo que importaba eran los actos, las acciones de los gobernantes, sean reyes, papas o presidentes. La cultura popular o los deportes eran considerados temas menores, o simplemente se ignoraban. Eso comenzó a cambiar en Europa desde la década de 1930 con el estallido de la Escuela de los Annales en Francia, que abrió un abanico de posibilidades temáticas para la historiografía. La producción académica brasileña llegó décadas más tarde. Incluso hoy en día, el fútbol es una cuestión marginal para la mayor parte de nuestra intelectualidad. A medida en que se tornaba un deporte popular, con la inclusión de los negros y los trabajadores entre sus practicantes, el fútbol pasó a ser duramente criticado por los intelectuales. Rui Barbosa, por ejemplo, llamó a los jugadores de la selección brasileña de 1916, la “pandilla de maleantes y vagabundos.” Incluso los intelectuales de izquierda, como Graciliano Ramos y Lima Barreto, no se dieron cuenta de la movilización potencial del fútbol, y lo calificaron de “extranjería barata”.

–¿Hubo momentos en la historia del fútbol brasileño que sirvieron de “ensayo general” para futuros episodios políticos y sociales?
–Yo nunca había pensado en esa metáfora leninista, pero creo que ilustra muy bien el fútbol en algunos casos. No es de extrañar que el fútbol sea muy mal visto, incluso en la actualidad, por Estados Unidos. Hubo muchas veces que los periodistas estadounidenses se refirieron a lo que llaman “soccer” como un deporte “típico de nosotros, de izquierdistas y pocos fiables”. Recientemente, un presentador televisivo “felicitó” a la nación por “participar oficialmente en el tercer mundo”, en el momento en que la selección de Estados Unidos se había clasificado al Mundial de Sudáfrica. La lógica interna del fútbol es un malestar para la utopía neoliberal. El fútbol es, por excelencia, el lugar privilegiado del azar y la incertidumbre, el único deporte en el que el más débil siempre tiene una buena oportunidad de derrotar al más fuerte. Por otra parte, el fútbol no se puede cuantificar. El resultado del juego no puede ser definido por la suma de ciertas acciones, muy diferente a lo que sucede en el fútbol americano o el básquet.

–El fútbol es un deporte nacido en las elites, pero que luego aceptó a los negros y trabajadores. ¿Por qué esto no fue acompañado por la sociedad en general?
–Me gustaría esbozar una teoría del fútbol, al menos desde Brasil. Me parece que este deporte ha funcionado históricamente como una especie de sublimación de los conflictos sociales en Brasil. Yo tengo una concepción opuesta al prejuicioso concepto de la “válvula de escape”, que procura enfatizar el aspecto “alienante” del fútbol. Creo que el fútbol es un medio importante de resistencia y de lucha para los brasileños negros. A través de la pelota, y tal vez desde nuestra música popular, la utopía de una sociedad multirracial armoniosa se realiza de una manera más prometedora. En este sentido, el fútbol no es sólo entretenimiento, sino un horizonte abierto para el futuro del país.

–En su libro, la selección brasileña en 1970 fue retratada como una “afrenta” para “la patria de las botas” de aquel tiempo. En su opinión, ¿la práctica de lo que se llamó “el arte del fútbol” rivalizaba con la estructura militar del país?
–Prefiero pensar que el fútbol-arte es un paradigma de nuestra cultura popular, un fenómeno que es mucho más profundo que cualquier situación política, siempre pasajera por definición. La magia del equipo de 1970 es quizás la máxima expresión de originalidad de fútbol en la formación cultural de Brasil, así como un gran disco de Joao Gilberto, para forzar la comparación con la música.

–Al abordar el fracaso de la selección brasileña en el Mundial de Alemania 2006, usted dice que la globalización neoliberal ayudó a provocar ese desenlace, ya que las principales estrellas jugaban en Europa con sueldos exorbitantes. ¿Cree usted que el individualismo, exacerbado por el neoliberalismo, puede haber contribuido a aquella derrota?
–El problema fue que el equipo no respondió a todas las expectativas y a su propio potencial. La cobertura mediática excesiva ha generado un efecto ilusorio en los jugadores y en todo el país. Sabemos que la fetichización de los productos es un elemento importante para el capitalismo. Y en ese caso, como en Sudáfrica 2010, hubo una fetichización de los jugadores, que no era una novedad, puesto que se trata de una tendencia mundial desde hace algunas décadas.

–Si el fútbol nace de las élites y es prácticamente dominado por las clases más pobres, parece haber ahora un movimiento inverso, una elitización. Usted apunta que la realización del Mundial en Brasil será como un trampolín para esta exclusión del pueblo de los estadios. Explique esa opinión.

–En verdad, la realización de la Copa en Brasil no es el motivo de ese proceso que está siendo llamado elitización del fútbol. La Copa es sólo el evento privilegiado para mirar ese proceso, porque en ese momento las condiciones se intensificarán: el precio de las entradas, por ejemplo, aumentará como nunca. Tenemos ahora el Estatuto del Torcedor, que, de hecho, impone una serie de restricciones a quienes frecuentan los estadios. Sin embargo, la elitización es un proyecto muy viejo, que está sólo cristalizándose ahora. Ella es, en Brasil, fruto de la profesionalización del fútbol, que comenzó en la década de 1930. Por un lado, la reglamentación laboral del jugador de fútbol permitió que sectores marginados de nuestra sociedad pudieran ser remunerados, mientras profesionales del deporte, por el otro, reprodujeron las condiciones precarias del trabajo en Brasil. O sea, una pequeña élite muy bien remunerada de trabajadores parece ocultar los ingresos modestos de la mayoría. Sin hablar del desempleo…Para se democratizar el fútbol, de hecho, es necesario superar el modelo actual por un proyecto que tenga en cuenta no sólo el deporte, sino la política y a toda la sociedad.

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